La historia de la máquina | Máquina de Hacer Historias

Autor:

Julian Scatolaro

Cuentos, anécdotas, reflexiones y otras yerbas de un intento de escritor.

¡Pasen y lean!

La historia de la máquina

mayo 23, 2016

Hace unos meses andaba buscando un nombre para mi futura web. La idea me venía dando vueltas desde hacía rato mientras estudiaba, mientras salía a correr por Plaza Rocha, mientras leía los cuentos de Casciari y mientras escuchaba atentamente los consejos de Marcelo Di Marco en YouTube. El asunto empezó a hacerse insoportable.

El problema básicamente se resumía en el nombre. Debía encontrar un signo distintivo, que vaya más allá de un horroroso y rendido «www.julianscatolaro.com». Ni empedo. Tenía que ser algo con la suficiente fuerza para que te levantara una ceja al verlo pasar, que contuviera el sentimiento exacto capaz de revolverte un poco ahí, entre el esófago y el corazón. Una idea que diera ganas, incluso a mí, de saber cómo sigue.

Pero como dijo un tal Cortázar: «Tengo pocas ideas. Yo creo que tengo intuiciones». Y ocurrió.

Y curiosamente fue en Facebook. No esperaba encontrarlo precisamente ahí, en el refugio de los insultos políticos, entre los videos de santiagueñas muertas de calor y frases melosas sobre amores y café. Entre foto y foto de «La gente anda diciendo», el Destino me atropelló con esto:     12301465_1063863373658259_5128866141659009097_n

La frase me dio directamente en el cerebro y sentí, inmediatamente, una pequeña explosión en el cruce quirúrgico de mi estómago. Y una de mis cejas se inclinó levemente, como haciéndole una reverencia.

¿Por qué me pegó tanto? La verdad, no sé. Quizás es porque todos en algún momento somos o fuimos mecanismos de hacer algo: tareas, boludeces, opiniones, cagadas, canciones, zapatos… Pero me gusta creer que el nombre tiene algo oculto entre sus ranuras, algún artilugio literario y mágico entre la unión del Hacer Historias con un mecanismo tan rígido como lo es la máquina de escribir.

«La Máquina de Hacer Historias» no es más que mi humilde aporte a la vida, un hilo atrapado en las hendiduras de los inmensos engranajes. Mis ganas de volar son el verdadero conductor de la maquinaria, sobre todo cuando hay que superar esos días en los que el mecanismo se atasca y dejamos irremediablemente de creer en nosotros.

Siento que estamos rodeados de historias que valen la pena, que viven dentro de nuestra memoria o imaginación, tal como lo hacía Galeano o lo hace «La gente anda diciendo». De alguna forma, acepté el desafío de aquellas palabras dichas por una nena en Buenos Aires.

Tampoco voy a hacerme el tonto: esta primera publicación tiene el propósito de agradecer profundamente la colaboración de quienes me ayudaron para que «La Máquina de Hacer Historias» estuviera actualmente respirando. No agradecerles sería la más injusta de las traiciones.

A Isaac Berón, mi amigo desde sexto grado, por programar y diseñar la web, y por aconsejarme en todo lo referido al engorroso mundo ciberespacial.

A Martín Scatolaro, mi hermanito menor, por tener la genial capacidad de plasmar en el logo y la identidad las ideas que me iban naciendo.

Y a ustedes. Por supuesto. Los que me han leído alguna vez, o los que no me conocen y se molestaron en entrar acá. Ojalá que su visita no sea pasajera y que se unan a esta locura con el fin de entender y de entenderme. Espero que disfruten de la misma forma que yo lo hago.

A todos, de corazón, muchas, muchas gracias.

Julián Scatolaro

La Plata. Mayo 2016

 

P/D: El viernes 29 de abril, me llama la atención un enlace a una página que sube textos de Galeano. El escrito que hallé está guardado en el libro La canción de nosotros y se titula «La máquina». Y acá sigo, coincidiendo cada vez más con mi amigo Cortázar.

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